Mayte Bareño Quintana dice en su blog de BBVA consultoría

Gracias a que los anglosajones son muy prácticos, para saber a priori a qué nos referimos cuando hablamos de MOOCs, basta saber que la palabra responde al acrónimo de massive online open courses, es decir, clases online abiertas para todos. A lo que habría que añadir que son gratuitas, de calidad e impartidas por lo general por importantes universidades o expertos de todo el mundo.

La historia dice que oficialmente comenzaron en 2007, cuando David Wiley de la Utah State University abrió su clase presencial de 5 alumnos a quien quisiera participar y se encontró con 50 más procedentes de 8 países distintos. Sin embargo, ya en 2006, Salma Khan, comenzaba a colgar en YouTube los vídeos a través de los que daba clases de matemáticas a varios miembros de su familia (él estaba en Boston y ellos en Nueva Orleans), lo cual fue el embrión para crear lo que hoy es Khan Academy y que en 2010 era financiada por Google y el matrimonio Gates. Os recomiendo la conferencia en TED del Sr. Khan contando su experiencia porque no tiene desperdicio.
En 2011 la iniciativa de Sebastian Thrun y Peter Norvig, profesores de la Universidad de Standford, se convierte en la primera MOOC de gran éxito. Con su curso Inteligencia artificial llegan a 160.000 personas en más de 190 países.

Ahora bien, no es hasta el año pasado que se produce lo que ha sido una auténtica eclosión de las MOOCs. En la primavera de 2012 Anant Agaward del MIT, lanza el curso Circuitos y electrónica en el que se registran 155.000 alumnos en todo el mundo; Thrun y Norvig crean Udacity, una plataforma concebida para que cualquiera cuelgue sus cursos tipo MOOC; MIT y Harvard lanzan edX a la que luego se han incorporado la Universidad de California-Berkeley, la de Texas; el Wellesley College (femenina) y Georgetown (jesuita); otras 33 universidades americanas se unen en Coursera, creada por Daphne Koller y Andrew Ng, ingenieros informáticos de Stanford nuevamente, que cuenta en la actualidad con 222 cursos y más de 2,6 millones de “courserianos”.

En otras partes del mundo comienzan aflorar iniciativas como MiriadaX, que une a 1.232 universidades de 23 países de Iberoamérica con su oferta de cursos en castellano, alcanzando en pocos días más de 100.000 usuarios y 180.000 inscripciones; Futurelearn, en la que colaboran 17 universidades de Reino Unido; incluso Google se sumó en julio pasado con su curso Power searching, al que rápidamente se inscribieron 150.000 personas.

La primera plataforma española se llama Unimooc y ha sido impulsada por las universidades de Alicante, Murcia y Cantabria, la UNED, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Universia, la UOC, el Gobierno de Cantabria, el Banco Santander, la fundación Santa María la Real y Google, entre otros. Su objetivo es ofrecer el curso experimental Unimooc Aemprende, en español e impartido por prestigiosos empresarios, docentes e investigadores sobre emprendimiento.

Obvio que nada de esto sería posible sin los avances tecnológicos, como la calidad de las plataformas, la capacidad para personalizar material y la de analizar gran cantidad de información acerca de las experiencias de los estudiantes para ver cuál funciona mejor, entre otros.

Por todo ello, John Hennessy, presidente de la Universidad de Stanford, habló de “tsunami” en el mundo de la educación, a mediados del 2012. Con ello se estaba refiriendo a que la tecnología había venido a revolucionar (también) el sector de la educación superior (como lo ha hecho con la prensa o la música).
La tecnología ha venido a revolucionar la educación como ya ha hecho con otros sectores. Imagen: Photostock

El cómo lo haga o lo rápido que sea, es una incógnita que se irá revelando poco a poco, pero que disminuirá los costes operativos de las universidades y que hará la educación más accesible y asequible es un hecho.

Los primeros estudios acerca de las características sociodemográficas de los matriculados revelan que si bien son adultos, profesionales, bien formados, es decir, que no dista mucho del perfil típico de alumno de la educación superior en USA, sí que hay un porcentaje representativo de alumnos que proceden de países como Brasil, UK, Rusia, Ucrania, México o Colombia que no son los que tradicionalmente atienden la educación superior en Estados Unidos.

Los retos serán, entre otros, estudiar qué funciona y qué no, cuáles son los resultados en términos de éxito o fracaso (% de abandonos), cómo gestionar la corrección de exámenes o tareas, cómo prevenir los engaños (¿es realmente este estudiante el que ha hecho este examen?), cómo cubrir el aspecto social de estar en clase con tus compañeros…

Además, en el caso de las MOOCs, se tendrá que encontrar la manera en que se rentabiliza un modelo que ofrece clases gratis de profesores de universidades de prestigio.

Entre las iniciativas que en este sentido se están explorando destaca la de edX que ha llegado a un acuerdo con Pearson, el gigante de la educación, para hacer exámenes vigilados que otorguen certificados a los estudiantes previo pago de las tasas correspondientes. Coursera tiene algunas ideas como las de ingresar por emitir certificados, por poner en contacto a estudiantes en búsqueda de empleo con empleadores, por tutorías, por permitir a otras empresas esponsorizar cursos, etc.

De momento, todo ello está en fase experimental y lo que está claro es que las grandes universidades están en esto para ampliar considerablemente su campo de acción (expansión internacional) y por la oportunidad de aprendizaje que supone este experimento.

Antonio Caro
Maestro
Consultor TIC
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