¿Alguna vez pensaste en un maestro como actor? Teniendo en cuenta que tienen que mantener un salón lleno de estudiantes aprendiendo y entreteniéndose cerca de 8 horas  al día, a veces un profesor no tiene más remedio que recurrir al teatro para llamar la atención en sus clases.

Los alumnos se distraen con facilidad, muestran desinterés, aburrimiento o rechazo, o por el contrario pueden estar tan interesados que hay participación y gusto por la clase. Es consecuencia de la forma en que imparte la clase el docente, en otras palabras, es causado por la organización del discurso y las estrategias comunicativas que el docente implementa para la realización de su clase.

La lucha por mantener la atención de los alumnos durante los cincuenta minutos que normalmente dura una clase puede parecer a veces misión imposible, pero es algo que se puede trabajar cambiando de actividad con regularidad e introduciendo videos o actividades que fomenten la participación del alumno.

Es importante la habilidad de presentación, realizar un material que atraiga la atención de los niños, pero sobretodo debe saber como utilizarlo de forma correcta o no servirá de nada. Las nuevas tecnologías han aumentado exponencialmente las posibilidades en este sentido, dando múltiples herramientas al docente entre las que se encuentra el video. Pero hay todavía muchos videos por hacer.

Los docentes están preparados para ponerse al nivel de los alumnos y, adaptando sus formas a un lenguaje más audiovisual y televisivo, son las personas idóneas para elaborar estos contenidos. Eso sí, tendrán que aprender cómo ponerse delante de una cámara. Una vez que hayan aprendido ese lenguaje grandilocuente podrán usarlo no sólo para elaborar videos sino para dirigirse a sus alumnos en el aula de una forma en que conectarán más con los niños.

La introducción de la tecnología y los medios de comunicación masiva han generado en las últimas décadas cambios notables en la comunicación, la cultura, los modelos de comportamiento y los valores. Pero todavía queda mucho por cambiar. En este mundo tan complejo, el docente tiene que poder articular y  organizar una enorme cantidad de información para aplicarla en contextos inestables y variables, sin perder de vista los propósitos primeros de la tarea educativa: ayudar a la comprensión del otro y el aprender y re-aprender de manera permanente.  Es fundamental conocer el estilo del aprendizaje de nuestros interlocutores, cómo percibe y cómo procesa la información para que la comunicación y el aprendizaje sean mucho más efectivos.

Concebir la comunicación en el aula como un espectáculo en el que los docentes son los actores nos puede ayudar  a  hacer de la experiencia del aprendizaje algo divertido y espectacular, que aunque es difícil mantener a diario, sí que se puede alimentar con una serie de técnicas que ayuden a los profesores a utilizar las herramientas adecuadas.