Son muchas las ventajas del vídeo: es un medio que todo el mundo entiende, ahorra tiempo y se recibe el mensaje más rápido que en otros medios, al ritmo y ruido del mundo de hoy. Con la creciente popularidad del vídeo en las redes, poco a poco veremos cómo cada vez es un formato más influyente y presente en todos los ámbitos de la vida y no sólo en el del entretenimiento. El futuro es el vídeo.

En este artículo hablamos de cómo es necesario que adaptemos nuestros contenidos a este formato. Pero ¿qué hace falta para hacerlo?

Lo primero es contar con la tecnología para hacerlo, que hoy en día es totalmente accesible y fácil de manejar: una videocámara, un móvil, un tablet. Cada vez dispositivos más pequeños tienen más calidad.

Lo segundo adquirir la habilidad de adaptar los contenidos y la forma para transformarlo en audiovisual. Sencillez, claridad, concisión.

El tercer elemento necesario son los actores. Que haya personas que quieran y sean capaces de ponerse frente a una cámara con solvencia.

Haberlos los hay, pero tiene que haber más. Profesores de instituto, de universidad, de academias… todos saben ponerse delante de un grupo de personas y hablar, no existe el pánico escénico –y quien lo padezca tiene un grave problema- pero ponerse delante de una cámara es algo más que hablar en público.

Para empezar la capacidad de atraer la atención tiene que estar acentuada, ya que el que lo ve no tiene una presencia de autoridad que le “obligue” a permanecer atento, ni van a decir su nombre cuando hable con un compañero para que guarde silencio –a no ser que el video lo esté viendo en el aula con el maestro presente-, y por lo tanto hay que contar con este factor en contra. Tampoco el profesor puede improvisar nada cuando ve que la atención decae, por el simple hecho de que no lo ve –aunque pueda preverlo-.

Se trata de proveer la información de una forma diferente. Ponerse delante de una cámara y cantar la lección no es suficiente: ayudarse con gráficos o pizarras también vale para las clases virtuales y no sólo para las del aula. En realidad se trata de crear un espacio atractivo con una información atractiva dándole una forma atractiva. Y estos son muchos atractivos a cuidar. No son cuestiones menores.

Hoy en día cualquiera puede elaborar un video, pero para aprender a elaborar uno eficaz, sobre todo en lo que a formación se refiere, hay que aprender una técnica creativa: estructura del video, adaptación al público objetivo, material de apoyo… pero también la capacidad oratoria es muy importante. Los profesores de todas las generaciones han tenido que ingeniárselas siempre para mantener la atención de los alumnos, cada cual puede medir su éxito, muchos acaban claudicando. Todos hemos sido alumnos y sabemos por propia experiencia que la inexpresividad de un profesor, el tono monótono y la falta de creatividad son plomos que se enganchan en nuestros párpados.

Para elaborar un buen vídeo hay que acostumbrarse a hablar un poco más lento de lo normal, aprender a poner énfasis en las ideas importantes, utilizando la modulación de la voz, la repetición, las pausas, los gestos. Es decir, para elaborar un buen video hay que ser actores con un guión. Y los docentes tendrán que aprender a serlo. Es algo para lo que no se les ha preparado pero que van a necesitar. No se pueden elaborar contenidos educativos en videos sin profesores actores.

Los primeros videos formativos tendrían que ir en esta línea: enseñar a hacerlos a los docentes para que podamos contar con personas capaces de llevar a cabo la transformación educativa.